Por lo general en los videojuegos, al igual que suele suceder en las películas, se tiende a ignorar las leyes de la física y se observan acciones que no se podrían ver en el mundo real. Esto se debe sobre todo a dos motivos: el primero es que resulta bastante difícil simular el comportamiento de los objetos que se van a mostrar en pantalla; para ello los programadores deben tener un buen nivel de conocimientos de física, y la implementación en el código de todas las interacciones entre los diversos elementos no es trivial y requiere de un considerable consumo de recursos. La segunda razón es que se busca la mayor espectacularidad posible para así llamar la atención de un público más amplio, y parece que esta cualidad sólo se consigue mediante el diseño de protagonistas con superpoderes, armas de tamaño y poder devastador desproporcionados, saltos entre dimensiones imaginarias o viajes en el tiempo.
Sin embargo, hay una saga en particular que tiene muy presente la ciencia en todos sus títulos, tanto que incluso está protagonizada por un doctor en física teórica del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT): Half-Life cuenta las aventuras de Gordon Freeman, un científico de pocas palabras que tendrá que sobrevivir a una invasión extraterrestre como consecuencia inesperada de un experimento en el que él estaba trabajando. La historia está plagada de referencias a términos científicos, empezando por su nombre, que hace alusión al periodo de semidesintegración de una sustancia radiactiva, aunque también se toma ciertas licencias creativas como la existencia de teletransportes y armas gravitatorias. Algunas de estas referencias se pueden encontrar en los nombres de las pistas que conforman la banda sonora creada por Kelly Bailey, como por ejemplo en el siguiente tema que lleva por nombre CP Violation y aparece en Half-Life 2:
La violación CP es un fenómeno muy importante para la cosmología, ya que podría explicar por qué en la composición del Universo hay más materia que antimateria. La simetría CP es el producto de la simetría C o de conjugación de carga, y de la simetría P o de paridad. La conjugación de carga es una operación que consiste en sustituir todas las partículas de un sistema físico por sus correspondientes antipartículas, que tienen cargas eléctricas opuestas, e invertir las direcciones de los campos eléctricos y magnéticos. Si al realizar estos cambios, la dinámica del sistema se mantiene se dice que tiene simetría C, es decir, que las leyes que lo rigen son invariantes frente a esta transformación. Mientras que la inversión de la paridad es un cambio en el signo de las coordenadas espaciales, que equivale a sustituir un sistema por su imagen especular: por ejemplo se pasa de las coordenadas (x, y, z) a (-x, -y, -z). Si tras esta operación el sistema es idéntico al original se dice que tiene paridad par; un ejemplo sería el de una función matemática f(x) que cumpliese la condición f(x) = f(-x). En cambio, si el resultado de la transformación es de signo contrario al original se dice que tiene paridad impar; volviendo al caso de la función, ahora cumpliría la condición f(-x) = – f(x).
Tanto la interacción electromagnética como la gravitatoria y la interacción nuclear fuerte presentan simetría C. No así la interacción nuclear débil, causante del decaimiento radiactivo de las partículas subatómicas; en este caso se produce una violación de la invarianza respecto a la transformación C. Hace unas décadas se pensaba que todas las fuerzas fundamentales de la naturaleza debían seguir un mismo tipo de simetría y para solucionar el problema generado por la interacción débil se postuló que eran invariantes bajo transformaciones de tipo CP, que combinan las dos operaciones ya comentadas. La validez de la simetría CP fue asumida hasta que en el año 1964 los investigadores James Cronin y Val Fitch detectaron anomalías en el decaimiento débil de los kaones, o mesones K. Estas anomalías implicaban que la interacción débil no cumplía la hipótesis postulada y por tanto se producía la violación CP. Ambos científicos recibieron en 1980 el Premio Nobel de Física por este hallazgo.
Debido a la ruptura de estas simetrías, ahora se asume que una propiedad fundamental de las leyes físicas es la simetría CPT, que incluye también la inversión del sentido del tiempo en las ecuaciones de evolución temporal. Bajo esta propiedad la imagen especular de un universo compuesto de antimateria evolucionando hacia atrás en el tiempo (es decir, con los momentos de todas las partículas invertidos) seguiría las mismas leyes que el nuestro.
